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y arte contemporáneo

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miércoles, 23 de abril de 2014

Yoko Ono: half-a-wind-show. Retrospectiva. Guggenheim Bilbao

Por: Juan Jesús Torres Jurado
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Season of Glass, 1981. Cortesía: Guggenheim Bilbao.

A finales de 1960, Yoko Ono (Tokio, 1933) decidió convertir su loft en un espacio de creación alternativa e invitó para ello a La Monte Young. El resultado fueron una serie de conciertos, algunos seminarios y una exposición individual al año siguiente en AG Gallery, propiedad de George Maciunas. La artista preparó algunas instrucciones orales y otras escritas en los muros con la intención de alterar y completar sus propias pinturas. Estas piezas mínimas, poemas sobre ideas utópicas, destellos de inteligencia o locura, que reflexionan sobre el agua, el fuego, el aire, las sombras y el cielo, son la semilla de Pomelo, libro editado en 1964 como una reunión de erudiciones e ínfimas composiciones herederas directas de los haikus y que sirve para revelar el trasfondo del recorrido creativo de una de las artistas más heterogéneas y zaheridas del arte de los últimos cincuenta años. Y a la postre, situarla como figura esencial en la creación de uno de los movimientos más rompedores desde las primeras vanguardias históricas; Fluxus, o la desmaterialización definitiva de la obra de arte, o como prefería definirlo el propio Maciunas: el triunfo del anti-arte.

 

Ese temprano momento de la obra artística de Yoko Ono conforma la primera parte de la retrospectiva que ahora se expone en el Museo Guggenheim de Bilbao en su última estación, después de pasar por Frankfurt, Humlebaeck y Kremsan der Dunau. Superficialmente ordenada de forma cronológica, es más bien la superación y revisión de ciclos el hilo conductor de una exposición que comienza con un reconocimiento del punto de inflexión que supuso la exposición de 1961. Se reúnen una buena parte de sus objetos y filmaciones, que en esta fase corresponden a un proceso de documentación de sus cuantiosas performances; puestas en escena de su personal estrategia de trabajo basada en la escritura de ideas como una maniobra conceptual y anti-material. Con el tiempo, los pequeños eventos de principios de los sesenta, como Bag Piece (1964), en el que se encierra en una bolsa junto a su marido Anthony Cox para desnudarse y vestirse de nuevo dentro de la propia bolsa, o Cut Piece (1964), donde propone a los visitantes cortar alguna parte de su vestido, van creciendo en tamaño e intención hasta ocupar espacios urbanos como en Lion Wrapping Event (1967), envolviendo en tela uno de los leones que circundan la Columna de Nelson, en Trafalgar Square. Pero quizás su máxima aportación a Fluxus, y seguramente la parte más interesante, sean sus películas. Ono comienza a trabajar con cine en 1966 (en la mayoría de los casos junto a su prometido John Lennon) y ello le permite explorar un nuevo lenguaje en el que puede diluir sus predilecciones como artista; las ideas quiméricas, la experimentación de ellas y la música minimalista. Sus Fluxfilm numeradas y otras composiciones como Fly (1970) cierran esta inicial, intensa y sobresaliente etapa.

Muchos de los preceptos conformados en aquellos pequeños poemas de Pomelo han servido como rizoma de un imaginario que vuelve constantemente en su trabajo. Quizás por eso la obra de Yoko Ono ha sabido amoldarse en el tiempo, porque aunque la resolución puede ser más acorde al momento exacto de su exposición, los pretextos son los mismos. Las producciones de la segunda parte de la muestra, algunas específicas como Water Event (1971-2013) o Balance Piece (1977- 2010), conviven con delicados dibujos todavía en proceso (Franklin Summer) o revisiones de anteriores performances pensadas para efectuarlas ahora teniendo al público como sujeto activo. Una convocatoria abierta (Ascendiendo) en la que reclama fotos de ojos de mujer o la oportunidad de bailar dentro de un saco al modo de Bag Piece, son, en realidad, idénticas que aquellas instrucciones que inmiscuían al espectador en la finalización mental de sus propias pinturas. Es siempre el humor, lo absurdo, también el cuerpo, la feminidad, la liviandad del cielo y del agua como elementos purificadores e inmateriales.

Pero sobre todo es música. Desde sus composiciones minimalistas junto a La Monte Young y John Cage, Ono ha ido medrando como un hito de la música conceptual; capaz de derivar desde el rock hasta el dance, con un sonoro calado emocional. La última parte de su retrospectiva está dedicada a su producción musical, una oportunidad para releer y destapar su amplia discografía, sus excelentes melodías y su subestimada aportación a la música contemporánea. Injustamente condenada por ello, la realidad es que su relación con John Lennon fue una explosión creativa para el más idolatrado de los “cuatro fabulosos”. El día que Mark Chapman acabó con Lennon en la puerta del edificio Dakota, Anne Liebovitz había fotografiado a John desnudo y amarrado a su esposa, como un niño inerme. Aquel 8 de diciembre de 1980 Yoko Ono (con Lennon a la guitarra) grabó Walking on thin ice, la evocadora canción de su vida. 

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