Revista digital de cultura
y arte contemporáneo

ARTÍCULOS

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Sentido y referencia de un museo.

Notas a partir de la "Colección permanente" de Es Baluard
Por: Pedro Medina
imagen

Panoramas actuales

En estos últimos años de desconcierto y travesía por el desierto no son pocos los modelos que se han reinterpretado o radicalmente modificado, tantas veces al son de corrientes efímeras y otras ofreciendo lecturas interesantes.

En efecto, esta sensación de cambio de modelo dentro del sistema del arte es rastreable tanto en centros culturales como en ferias y galerías, donde ya es difícil encontrar un paradigma dominante, imponiéndose las excepciones sobre un discurso hegemónico, como si la experimentación fuera el camino hacia el descubrimiento de nichos de mercado ocultos.

No obstante, la cuestión principal debería ser la construcción de discursos y el poder activar procesos de interpretación de nuestra realidad, como ya vimos en Modos de exponer. Sin embargo, alguna tendencia sí se puede constatar y no es precisamente en esta línea: las exposiciones “Blockbuster” se imponen ahí donde haya un mínimo de presupuesto, pues solamente importan los grandes números de visitantes y no la producción científica o crítica en torno a la misma. Cabría preguntarse entonces por el rol de los centros artísticos en el actual panorama de industria cultural donde la espectacularización se impone sobre la investigación.

 

Y de forma más específica, nos podríamos preguntar por el modelo idóneo para centros periféricos, con frecuencia invisibles para el gran público, y que normalmente oscilan entre una identidad fuerte y reconocible, que les permita ser referencia de alguna corriente o autor (LABoral o Vostell, por poner algún ejemplo), o simplemente por ser grandes inversiones inmobiliarias de otros tiempos al rebufo de la “guggenheimización” de España, que ahora no tienen los medios para poder programar –rellenar– estos monumentales “contenedores”, como ocurre, entre otros sitios, con varios centros de una Castilla-León que solamente hace unos años resplandecía con varios faros de modernidad.

Entre muchos modelos, no nuevos pero sí más visibles en los últimos años, encontramos una mayor atención al tejido social cercano, para garantizar un público fiel y la inserción del centro de arte en la construcción social del entorno en el que se encuentra; el acercamiento –en la mayoría de los casos tímido– a propuestas tecnológicas que enriquezcan la experiencia del espectador, fomenten su participación y otorguen más internacionalidad al proyecto; o replanteamientos del discurso y recorrido de las colecciones que en algún caso han aportado lecturas atractivas y han servido para dinamizar el museo ante la dificultad de traer o producir exposiciones temporales llamativas.

Por citar un ejemplo, la Galleria Civica d’Arte Moderna (GAM) de Turín plantea una visita a la colección no cronológica, condicionada por los condicionantes arquitectónicos del lugar o por las peculiaridades de la colección, optando por un corte semántico en torno a 4 ejes: “ética”, entendida como “ethos”, quizás la más forzada y en cierto sentido un cajón desastre; “velocidad”, partiendo de un buen fondo de futurismo pero yendo a más obras donde el movimiento es fundamental; “naturaleza”, recorriendo varias obras con referencias a la biología y el paisajismo; aunque quizás los mejores paisajes están en la última categoría, “infinito”, la más arriesgada y lograda, que parte de paisajes románticos del siglo XIX para llegar a unos monumentales Kiefer, que dominan el final de un recorrido con grandes paradas, desde una Babel realizada con materiales pobres de Alighiero Boetti a la perspectiva que Giulio Paolini ofrece para reflexionar sobre el espacio real y el representado.

Este recorrido funciona y crea diálogos sugerentes, en mayor medida de lo que proponen las propias exposiciones temporales del centro en los últimos años, presa de una clara apología del nombre propio, por encima de apuestas teóricamente relevantes. Aun así, y con el cambio de directora, ahora Carolyn Christov-Bakargiev, que también lo es del Castello di Rivoli, aparecen otras posibilidades, como la alianza no solo de los dos museos que dirige, sino también con otras fundaciones del territorio, que dan lugar a propuestas conjuntas, como se ha podido ver este año en Artissima, con un espacio y comisario comunes, o en la exposición ‘Tuttovero’.

Quizás convenga volver a plantearse la función y valor de los museos, recordando sus orígenes en el siglo XIX, donde la filología era una de las ciencias auxiliares de la historia, lo que implica la necesidad de “nombrar los espacios”, conduciendo a un uso de la “epocalidad” más estricto. La consecuencia es clara: la ciencia historiográfica pasa a ser un elemento fundamental de la propia experiencia del hombre moderno. En este registrar y conservar es básico que el museo ofrezca “interpretación”, por tanto, “narración” sobre nuestro presente y nuestro pasado, lo que implica la reconstrucción del mismo. Veamos cuál es la propuesta llevada a cabo por Es Baluard.

Museo: sentido y referencia

Con el título ‘Col.lecció permanent’ (hasta el 25 de septiembre de 2016), Es Baluard presenta la gran exposición que replantea los fondos de la institución, tras ‘Implosió’, que inició la reordenación de la colección en 2013, situada en la planta principal del centro y favoreciendo un recorrido consecutivo por sus salas.

En la presentación del nuevo recorrido por la colección Nekane Aramburu insistió en el sentido de un museo y en su responsabilidad hacia y desde una realidad local, en este caso las Islas Baleares. En efecto, la directora del museo manifestaba explícitamente la necesidad de “construir la memoria desde lo local”. Y de ahí se busca una mirada inédita que construya un panorama con lecturas dentro de la historia del arte, pero haciendo referencia también a lo que ha ocurrido en el territorio cercano a lo largo de los dos últimos siglos.

Si interpretamos estas declaraciones estableciendo otras historias a partir de este relato, podríamos apreciarlo como si Gottlob Frege le diera otra clave de lectura. Entenderlo de esta manera implica basar el “significado” de la propia institución en base a dos conceptos: “Sinn” y “Bedeutung”, que en este contexto podríamos traducir, efectivamente, como “sentido” y “referencia”. En este caso la palabra que expresa un sentido y refiere o designa una referencia es “museo”. Con la enfatización de este concepto, la directora marca su propuesta como “modo de dar” sentido a la referencia, es decir, al objeto Es Baluard y su función cultural dentro de las Islas Baleares, aportando al discurso como institución un carácter cognitivo, esto es, funda y capta una realidad.

Y aún podríamos decir más, al considerar Es Baluard como un patrimonio cultural especial. Al respecto, la directora se posiciona con fuerza aseverando que “en un mundo de imágenes el museo es un santuario”, convirtiéndose pues en un lugar que custodia el patrimonio artístico para aspirar a ser un foro público para la contemplación y el pensamiento.

Parecen resonar las confesiones de Jean Clair en su Invierno de la cultura, cuando recuerda la visita de Roger Caillois al Museo Nacional de Corea en los años 50 para narrar un shock cultural que hace evidentes otras pérdidas: Caillois observaba maravillado cómo la gente se arrodillaba delante de una estatua de Buda. A pesar de que el contexto era el de un museo, esa imagen tenía tanta fuerza para los visitantes que no la veían como una obra de arte sino como un objeto sacro. Esto lo cuenta Clair con cierta envidia e ilusión, pensando en la posibilidad de una experiencia equivalente hoy para ir a ver una muestra y percibir el carácter sacro de las obras. Difícil parece, máxime para un espectador que ya ha conocido el desencantamiento del mundo, lo cual no implica que el museo no pueda llegar a ser un refugio ante el rumor de nuestros días, para conseguir quizás la distancia crítica que nos permita otra aproximación a nuestro tiempo.

Colección permanente: ejes y relatos

Esta propuesta viene organizada según un recorrido cronológico, que se articula en torno a unos ejes conceptuales dentro de los que aparecen otras dialécticas temáticas, así como voluntades de “sincronicidad” dentro de cada período para establecer “relatos entrecruzados”.
De esta forma, los hitos que recorremos son tres: De lo moderno, que abarca principalmente retratos y paisajes que tienen lugar en Palma de Mallorca entre 1800 y 1939; ‘Pretérito perfecto’, donde se pueden contemplar las genealogías de las primeras vanguardias; y ‘Pasado futuro’, que se identifica en términos generales con la Postmodernidad. ¿Qué supone una organización de este tipo?

En principio, una dialéctica no exenta de dificultades al anclarla conceptualmente dentro del tránsito a un término manido, y en ciertos aspectos superado, como es el de “postmoderno”, si lo entendemos en todo su calado y complejidad.

Pensemos, entre otras cosas, que la propia categoría de “superación” es moderna, de ahí las posibles paradojas derivadas de su uso para hablar precisamente de la superación de la Modernidad. No obstante, puede ser una poderosa imagen para un período sin paradigmas dominantes, donde el mundo de la comunicación se vuelve el centro, volviendo la experiencia algo más estético y retórico, y la sociedad –y con ella necesariamente el arte– un ente más complejo y caótico.

Más allá de todas las implicaciones filosóficas del uso de estos términos, sirve para crear un contenedor de una realidad compleja donde puedan acaecer otras formas de pensamiento, como, por ejemplo, conexiones entre disciplinas diferentes o posturas multiculturalistas, situándose así en una discusión teórica de largo recorrido y sin las pretensiones fallidas de otros momentos artísticos articulados en torno a la Postmodernidad, como fue la Documenta XII.

En el caso que nos ocupa, esta nebulosa conceptual sí tiene unas directrices bien definidas, que permiten un relato que interprete lúcidamente la realidad, huyendo de posiciones más pretenciosas al hacer referencia a la evolución social de las Islas Baleares. Además, aún cobra más sentido al apreciar la emergencia de esos otros relatos, que finalmente se imponen sobre un recorrido cronológico, que no obstante tiene la virtud de ofrecer una línea de tiempo donde asentar los cambios, pero sin limitar esas otras categorías que hacen más interesante y contemporánea la propuesta.

Entre estos otros ejes, llama la atención el vínculo inicial en torno a dos mujeres, madre e hija, Pilar Montaner de Sureda y Pazzis Sureda, en Mallorca y “la fuerza centrípeta de Ibiza para intelectuales y artistas vinculados a posicionamientos críticos frente a la tradición”, posicionamiento discursivo que luego cobrará más sentido con la irrupción de “feminismos”, que evidencian que toda colección es un relato y, por tanto, la relevancia de todos los agentes que lo escriben. Sin duda, todo lo es, y el final de la historia será la que nos diga si es coherente o no, aunque ya de inicio establece con personalidad una enérgica voluntad de discurso que se echa en falta en otros proyectos supuestamente más neutros y objetivos.
Esta interpretación desde Mallorca y desde estos “feminismos” permite tramas internas que dotan de fuerza un recorrido que de otra manera podría caer con facilidad en una dispersión caótica, como consecuencia de lo heterogénea que se vuelve la colección –como ocurre en casi todas ellas– con el devenir de las décadas.

Asimismo, establece varios guiños a la Historia del Arte, con referencias a Marcel Duchamp, que se establece como referencia del vértice social arte-vida, Tristan Tzara y Kazimir Malévich, volviendo más manifiesto ese deseo historiográfico con referencias a la gran Historia como marco de relatos más locales. Se reivindica así una vinculación con movimientos y derivas internacionales, una relación centro-periferia que también hace evidente otra asociación fructífera como es la establecida entre la institución pública y colecciones privadas, como la de Maria Fluxà, fundamental para la centralidad que cobra Louis Bourgeois.

Proyección en el tiempo

Instituido pues un discurso logrado gracias a las referencias señaladas, la colección sirve para rastrear en su inicio ese proyecto “moderno” sobre el que no sería justo establecer nuevas polémicas– ¿dónde tiene su origen: en la imprenta, en la perspectiva renacentista, en el descubrimiento de América, en el nacimiento del Estado-nación, en Galileo, en Descartes, en Montaigne…?–, ya que en la exposición se declara que esta “modernidad” es entendida como fruto del esfuerzo racional encaminado a desarrollar la ciencia y la sociedad que procede de la Ilustración, enraizándose en el tiempo dentro de lo que tradicionalmente se entiende por “arte moderno”.

De esta forma, el primer bloque temático sirve para contemplar la sociedad mallorquina y la intelectualidad en torno a la misma principalmente a lo largo del siglo XIX, para también observar la autonomía creciente del paisaje como género, con especial atención al naturalismo y el impresionismo asociado a la llegada en 1893 de Rusiñol a Mallorca.

Asimismo, dentro del discurso de interpretación de los flujos artísticos y de pensamiento dentro de la realidad local, se descubren “desplazamientos” de diverso tipo, que geográficamente pasarían de Palma de Mallorca a Ibiza en los años treinta con el paso por la isla de personajes como Walter Benjamin, Tristan Tzara, Raoul Haussman o Man Ray. Estas referencias sirven para darle un respiro más internacional a la exposición e iniciar una reflexión sobre ese tránsito al otro polo del discurso: el Postmodernismo, donde Duchamp sirve de piedra de toque teórica con la que confrontar las piezas presentes en la exposición.

La contaminación de formas y procesos irá creciendo, si bien hay varios focos de atención bien delimitados en el recorrido: esos nombres necesarios dentro de las referencias clásicas, como son Picasso y Miró, y que ya lo eran antes como principal reclamo turístico, pero a los que se suma con igual protagonismo la figura de Louis Bourgeois.

En torno a ellos se pasará de las vanguardias históricas a prácticamente las últimas tres décadas, siendo Bourgeois el perno en torno al que se funda el tránsito, y donde no solo se reivindica la lectura en clave de género, sino donde también se consigue uno de los momentos de mayor intensidad y emoción del recorrido.

Da paso a aquella zona temporal y teórica en la que con frecuencia fracasan tantas otras revisiones de museos, convertidas en nebulosas sin mucho orden ni concierto, fruto de la multiplicidad de las tendencias y las lecturas de lo que es arte a partir del último tercio del siglo XX. En esta última parte de la muestra podrían haber sido muchas las propuestas, con frecuencia vinculadas a conceptos como la “mutación”, la “hibridación” y el “nomadismo”, conscientes de la dificultad de seguir un gran discurso homogéneo, sin embargo, son otras las estrategias, elegidas con acierto para este caso concreto. Así, se reivindican temáticamente varias posturas: la reafirmación de la pintura, la apropiación del espacio público y la idea de monumento, junto con un interés por los comportamientos performativos y procesuales.

Además, dentro de esta selección también se recuerdan momentos señalados de la institución, como fue El arte de la performance: teoría y práctica (2012) de Esther Ferrer, junto con otros hitos también vinculados a Mallorca, como Miquel Barceló, Miguel Ángel Campano, José María Sicilia y María Carbonero, que dialogan fluidamente con otros autores como Manolo Millares, Juan Uslé, Pep Girbent, Jonathan Messe, Imi Knoebel y Jason Martin, dentro de la mencionada apuesta por el lenguaje pictórico, unido a la experimentación en los soportes.

De esta forma, los lenguajes conviven bajo la principal presencia de la pintura, aunque prestando especial atención también a nuevos comportamientos donde las acciones, los procesos y el cuerpo como argumento cobran protagonismo sobre otras preocupaciones, como es evidente en la citada Esther Ferrer, en la tríada final que configuran Ana Laura Aláez, Susy Gómez y Amparo Sard, o gracias a las obras de Democracia o Joan Morey, que en la fase inicial de esta exposición también ha acompañado esta andadura con el proyecto ‘The Characters’, que completa la programación con ‘Reproductibilitat 2.O’, con obras de la Colección del MACBA, que muestra también el circuito de colaboraciones al que pertenece la institución.

Pero en general, en esta última etapa se apodera de la escena esa “correspondencia flexible de las antinomias” de la que habla Gilles Lipovetski para comentar la descentrada y heteróclita cultura postmoderna. Sin embargo, lo hace sin estridencias– a no ser levemente la de Jonathan Messe–, consiguiendo una lograda armonía gracias a dos disposiciones curatoriales: la efectiva transición de los relatos, donde las tramas secundarias ayudan a apreciar secuencias en el discurso, y el cuidadoso diseño espacial, muy atento a combinaciones cromáticas orientadas a potenciar la sensación de continuidad.

Esta propuesta curatorial propone un nuevo modo de darse el objeto Es Baluard, expresando el contenido con renovados ojos y reivindicando el papel social del museo. No hay verdades en este mundo, pero sí puntos de vista, y el que propone esta colección, más allá de las muchas actividades educativas y de mediación que está llevando a cabo o las alianzas mediterráneas que está creando, es la enfatización del papel y de la palabra “museo”, con lo que conlleva desde una perspectiva historiográfica y científica, diferenciándose de otros modelos donde criterios más “marketinianos” se imponen; aunque sin renunciar por ello a una oferta atractiva para el contexto local en el que debe cobrar sentido la institución.

Así, ‘Col.lecció permanent’ insiste en el valor patrimonial de las colecciones sin olvidar que la institución es también un laboratorio social, que debería ser motor de comunidad y generador de interpretación de fenómenos culturales, promoviendo la investigación en diálogo con otros proyectos del territorio y tendencias internacionales.

En definitiva, otras soluciones son posibles y pasan por un trabajo historiográfico serio y por la reivindicación del museo como lugar de encuentro y reflexión, sabiendo que cada taxonomía dibuja un orden y que cada colección es una forma de clasificar esos organismos que son la historia y nuestra realidad. En efecto, recordando a Heinrich Wölfflin, “en toda nueva forma de ver se cristaliza un nuevo contenido del mundo”, y una colección como la presente es una manera privilegiada de crear un nuevo relato de su entorno.  

Entrada de Pedro Medina

Ver entrada:  anterior siguiente
No hay ningún comentario publicado.
Escribe tu comentario:

Nombre o alias:


Comentario:


E-mail: 

Tu dirección de correo no será mostrada en este sitio

Código de seguridad:  Imagen de seguridad   aquí




publicidad
Simple
El viajero
La Regenta
Publicidad ARTECONTEXTO
Pasos perdidos nov 2014
circa
Simple
El viajero
La Regenta
Publicidad ARTECONTEXTO
Pasos perdidos nov 2014
circa

X

Recibe nuestra información:

Hombre    Mujer     

E-mail: 

He leido y acepto las condiciones de privacidad 

X

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso.
Puede cambiar la configuración de 'cookies' en cualquier momento. Más información aquí