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y arte contemporáneo

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jueves, 31 de enero de 2013

MUSAC ¿Fin de una época o fin de una manera de exhibir la creación contemporánea?

Por: Luis Francisco Pérez
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Rosa Barba. Exposición Un lugar para un único individuo, MUSAC 2013 

El MUSAC, Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León (de haber sido la localización geográfica “Castilla-La Mancha” el centro ahora mismo correría la misma suerte que las urgencias médicas rurales de esta comunidad), fue inaugurado en la primavera del 2005, cuando aún quedaban tres años para percatarnos de las primeras grietas en los flamantes edificios y de que oteáremos los nubarrones que cruelmente se avecinaban sobre el solar hispano. Ocho años después (ni siquiera una década de paz y prosperidad) el MUSAC, al igual que la práctica totalidad de los centros de arte públicos de este país, con la singular y doble excepción de El Prado y el MNCARS, se encuentran sometidos a una dieta draconiana y salvaje en cuanto a los fondos a percibir; tan brutal, mezquina y violenta, es esa dieta que la mayoría de los centros de arte irán agonizando hasta sucumbir en medio de la soledad y el abandono. Y aquí paz y después gloria. Paz en la guerra, queremos decir, pues no es otra la realidad socio económica que ahora padecemos. Es duro aceptarlo, pero estamos en guerra.

Inaugurado el MUSAC con Rafael Doctor como director, y teniendo en su equipo inicial a Agustín Pérez Rubio, su actual director, luego de la renuncia de su primer conductor, la semana pasada se inauguraron las cuatro últimas exposiciones programadas por Pérez Rubio que, en los próximos días, cesará como primer responsable del centro.

 

Si durante la “Era Doctor” (ya sé que es muy exagerado y cínico calificar así los primeros años del MUSAC, pero la época –ay, qué tiempos…– también fue exagerada y cínica, e irresponsable y no poco disparatada) la programación se caracterizó por una visualidad extrema, feliz en su colorida y plástica vitalidad, y dotada de todos los encantos y atributos propios de una determinada producción plástica de la época: magníficos y limpios dispositivos visuales (mucha fotografía), elegantes estructuras –¿conceptuales? – de fácil discernimiento intelectual (instalaciones y “cosas tiradas por el suelo”), festiva mostración de una sexualidad alejada de los agrios patetismos de los artistas “de género” (mucho vídeo y no pocas “películas de artista”), pues bien, en la programación diseñada por Agustín Pérez Rubio (a él no le ha dado tiempo para instaurar y completar una “Era”) hemos ido comprobando un alejamiento (tranquilo, grave, sereno) de los parámetros diseñados por Rafa Doctor para dar una mayor presencia y visualidad a unas propuestas claramente alejadas de anteriores obsesiones y fijaciones. Estas cuatro últimas exposiciones por él programadas, e inauguradas en bloque, así lo certifican. Veamos cuales son.

Rosa Barba (comisariada por Juan de Nieves), Lara Almárcegui (a cargo de Agustín Pérez Rubio y Manuel Segade), Alejandra Riera (coordinada por Leire Vergara) y Apolonija Sustersic (ideada, más que comisariada, por Peio Aguirre, y que en honor de la verdad gramatical debemos informar que el apellido de la artista lleva cuatro acentos serbo-croatas que mi teclado no posee, o yo no consigo dar con tan balcánica tilde).

El que estas exposiciones hayan sido inauguradas en bloque no significa que sus cualidades intelectuales y formales posean un mismo grado de interconexión semántica o interpretativa, más allá de la socorrida referencia al propio centro en tanto que elemento inspirador, intervenido, como así indican las magras hojas parroquiales que el centro emite como documento informativo –ya que no hay presupuesto para catálogos. De hecho, únicamente la magnífica y muy refinada instalación de Sustersic, en el hall del centro, sí pudiera ser así calificada, en la medida que la artista eslovena ha creado un dispositivo visual sobre su propia obra al tiempo que un extraordinario discurso (recio, trabajado, muy sencillo pero muy firme) sobre la arquitectura del propio MUSAC, que logra una extraña y muy sugerente metonimia entre contenido y contenedor. Pero difícilmente la dramática y amenazante instalación de Lara Almárcegui pudiera ser alineada en el mismo referente. Cierto, es una agresiva okupación del espacio, pero la misma podría haberse llevado a cabo en otro contexto arquitectónico diferente.
Esa misma ocupación (ahora ya sin violenta “k”) está, indudablemente, en las magníficas cuatro obras presentadas de Rosa Barba (probablemente la exposición más consistente y mejor revelada de todas las inauguradas) pero lo está de una manera más sutil, aún a pesar de la contundencia visual de dos de ellas, como si la artista (y el comisario) fuera consciente de que la obra (su obra) debe manifestarse un paso más allá del espacio habitacional que la acoge, como si la propia nocturnidad interpretativa (y visual) de la obra se revelara únicamente en su relación, no tanto con el espacio como con el mundo.

Finalmente la obra expuesta de la artista argentina Alejandra Riera nada tiene que ver con el espacio del centro. Integrada dentro del ciclo expositivo La forma y el querer-decir, la instalación pretende ser tan foucaltiana como el título del ciclo que la acoge, pero se pierde en un muestrario de demasiadas cosas y referencias, y actitudes, y voluntades, y deseos y organigramas morales y topografías éticas. Todo muy serio e importante, estamos de acuerdo, y precisamente porque estamos de acuerdo, hubiéramos deseado una mayor concisión. La instalación promete pero no resuelve. Se diría que Leire Vergara, la comisaria, no ha sabido “parar los pies”, y el ímpetu, a una artista que quería mostrarlo todo, y todo y todo. Lo ha conseguido, cierto, pero es muy poco lo que se entiende.

Sí, es un fin de fiesta. Veremos cuánto de triste y terrible será el after del después, valga la absurda oración gramatical que acabo de inventarme. Lamentamos, con total sinceridad, que Agustín Pérez Rubio abandone la dirección del MUSAC. Sus propuestas cada vez eran mejores: más inteligentes, más nobles, más sugerentes, más educativas…

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