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y arte contemporáneo

ARTÍCULOS

jueves, 12 de mayo de 2011

Historias de la vida material

Por: Alicia Murría
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Vista general de la exposición. Obras de Ángela de la Cruz, Helena Almeida y John Baldessari. Foto. Joaquín Cortés. Cortesía: Centro de Artes Visuales Fundación Helga de Alvear.

Podríamos comenzar diciendo que con una colección integrada por más de 2.000 obras, entre las que se encuentran representados los nombres esenciales del arte internacional de las últimas décadas, en muchos casos con piezas clave dentro de sus trayectorias, no es difícil realizar una buena selección y una exposición con fundamento. Pero no sería justo.

Esta segunda propuesta que se realiza en la sede de la Fundación Helga de Alvear se ha confiado al criterio del comisario portugués Delfim Sardo, cuya lectura de la colección propone, dicho de manera sintética, «trazar el mapa de los diversos modos de relación entre cuerpos, entre espacios, entre poderes, que componen las ficciones que llamamos realidad».

 

Al hilo conductor “arte y vida” que atraviesa la segunda mitad del pasado siglo y sigue latiendo en no pocas obras de nuestros días alude Sardo para crear una trama donde no intenta edificar un discurso teórico sino crear un recorrido protagonizado, de manera esencial, por las obras a su disposición. Capítulo central es la sala dedicada a Gordon Matta-Clark, emocionante por cierto ya que reúne además de un par de dibujos tempranos, de corte surrealista que enlazan con la herencia de su progenitor, titulados Árbol de energía, collages fotográficos de la intervención realizada en 1974 Partición , la impresionante serie de papeles cortados Cut Drawing (1975-1976), las pequeñas fotos-boceto con recortes de Propuesta de corte de tejado para Düsseldorf (1977), o dos cibachrome de Office Baroque (1977).

Sardo ha articulado cuatro grandes líneas en torno a la materialidad de las relaciones; por un lado, lo que denomina «relaciones de producción» que agrupa las preocupaciones de tipo político-social; en este capítulo destaca la sala dedicada a Fernando Bryce, la magnífica pieza 1 Second in the Story Crime (2006) de João Louro, o los collages de Hans-Peter Feldman. Y donde también encontramos una de las excelentes obras de la escasa producción de Mark Lombardi. Imposible no mencionar las piezas con que está representado Jeff Wall, nada menos que por The Giant (1992) y la serie preparatoria de su conocidísima ráfaga de viento (1993)
Un segundo bloque se centra en lo que el comisario denomina «la presencia de la materialidad de las relaciones con los objetos cotidianos», donde, por ejemplo, Oursler no está representado por sus formas habituales sino por unos mínimos papeles, y donde encontramos la generosa instalación de los siempre irónicos Elmgreen & Dragset.

El siguiente capítulo esta focalizado en el mundo material como configuración de relaciones espaciales y físicas –que conceptualmente arranca con la impresionante sala dedicada a Matta-Clark que acabamos de comentar– y donde se sitúa una obra que devora el espacio, en el más pleno sentido, como es la de José Pedro Croft; más allá se despliega otro momento fuerte –de los muchos que se experimentan aquí–, con Donde alcanzo a ver (1991-2000) de Pep Agut; o la fascinante imagen de la abarrotada librería de Stan Douglas.

Lo que podría entenderse como epílogo se centra en el plano subjetivo de las relaciones humanas y permite no dejar fuera una de las grandes preocupaciones del arte reciente, aquella donde cuerpo e identidad constituyen eje de reflexión. Jürgen Klauke, travestido como Ziggy Stardust (1974) junto a un políptico de Almeida, donde la artista portuguesa introduce por vez primera en su trabajo a un segundo personaje. Se ofrecen también contundentes piezas de Philip-Lorca Divorcia o las más “delicadas” de Francis Alÿs o Mike Kelley
Interesante resulta la utilización de la extensa instalación de la hermanas Wilson que va salpicando –como un frágil nexo basado en la memoria y su construcción– el itinerario que traza Sardo.

En cualquier caso, el espectador que se acerque a Cáceres –aunque no tenga ninguna referencia sobre las derivas del arte que plantea el comisario ni atienda unas categorizaciones que a veces resultan problemáticas, pues en no pocos casos las obras se abren a múltiples cuestiones y bien podrían ser agrupar de modos diferentes– podrá disfrutar al máximo.
 

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