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y arte contemporáneo

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martes, 15 de diciembre de 2009

Festival Primavera Club 2009

Por: Bruno Reis
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Un festival que transcurre paralelamente en dos ciudades y en distintas salas a la vez, propone varias formas de acercamiento. O en plan picoteo o en versión degustación destinada a un sólo local, optamos por compaginar las distintas versiones y el menú fue el siguiente:

 

A los nacidos a finales de los setenta nos resulta extraño que haya una sala de conciertos en la oscuridad del parque del Retiro. Pero si, ahí está la legendaria sala Florida Park que para este festival cambió castañuelas por samplers y recibió en la primera cita del encuentro a Marissa Nadler, cuya actuación terminó por helar, aún más, la fría noche. El escenario le quedo demasiado grande, su voz y guitarra no fueron suficientes para colmarlo. Un folk monocorde en constante falsete que arrastraba versiones alargadas de sus canciones, convirtió su actuación en una agónica eternidad. El mal sabor de boca de esta introducción se fue disipando con el pop rock de los brasileños Little Joy, un proyecto musical creado a modo plan B, pero sin novedad, por Rodrigo Amarante de Los Hermanos y Fabricio Moretti de los Strokes. De su actuación destacó la versión Procissão, tema compuesto por Gilberto Gil en 1967, que se acerca a la reinterpretación electrónica hecha por sus compatriotas Os Mutantes. Para finalizar la noche nada mejor que Devendra Banhart, un verdadero maestro de ceremonias que con su español fluido consiguió una cálida empatía con el público, rendido a un repertorio basado en la efusividad psico-tropicalista a lo Santana y en la tensión hipnótica de riffs típicos de Led Zepellin. En resumen, un enorme festín.

La segunda jornada empezó con los jóvenes neoyorquinos Cymbals Eat Guitar, quienes presentaron su disco debut e iniciaron actuación con la fastuosa And the Hazy Sea, aunque fue un cartucho mal utilizado pues con este tema agotaron muy pronto la tensión que exige un directo. A ello hay que sumarle un cierto descontrol, con excesivos e intranscendentes solos de guitarra, que desinflaban la fuerza de las mismas cuando pasaban a su función rítmica, cosa que por el contrario los A Place to Bury Strangers saben hacer de maravilla, en parte por la gestión de su noise power que se amplificaba con la sensación de claustrofobia gracias al juego de luces calidas que emulaba una aurora boreal. Un conjunto perfecto para un potente concierto postpunk, atmosférico y vibrante.

Llegados al tercer día faltan las fuerzas, así que optamos por centrarnos en conciertos para cocinar a fuego lento. Llega el turno de Cass McCombs y el tan esperado Sr. Chinarro. Si el primero no pudo ofrecer más que un concierto descafeinado de pop neoromántico, a los segundos les faltó sal y pimienta, debido a un repertorio cargado de linealidad rítmica, que no lograron levantar ni el violonchelo ni el cáustico y cínico lirismo del Sr. Se hacía larga la noche hasta que comenzó el Dj set de David Holmes, un artista a la hora de seleccionar los temas pero un autentico desastre mezclando en los platos.

Entramos al cartel de fin de semana con Tara Jane O’neill, quien inauguró el repertorio de hostilidades y nos hizo echar de menos a la fabulosa Thalia Zedek de los muy queridos Come. A falta de dinámica musical, todo se tornó repetitivo, sólo encontramos leves variaciones en la textura vocal y una que otra fluctuación rítmica entre la calma y la desmultiplicación de la guitarra con los típicos loops que la tecnología de hoy permite, el resultado fue un concierto intenso pero sin llegar a ser vibrante. Lo que le faltó a O’neill le sobró a The Black Heart Procesion, formación compacta de sonido completo y taciturno, el truco: muchos años de escenario, una voz grave y seca, acordes menores y lirismo sombrío, que aún incluyendo su peor disco, Six, por fortuna el directo no perdió calidad. Pasemos al shoegazing de segunda generación a cargo de los School of Seven Bells, una agradable sorpresa llena de dream pop fuerte e intenso. Cabe mencionar a Pájaro Sunrise, actuación emocional de un alternative country elaborado con violines, acordeones y xilófonos.

Sirvan estas últimas líneas para hacer énfasis en lo más destacado del cartel madrileño, nos referimos al concierto de Kid Congo, para quienes la organización no supo preveer un espacio adecuado pues una buena masa de público acudió a esta cita explosiva y divertida. Kid Congo se echó los espectadores al bolsillo cuando regaló un adelanto del álbum que estrenarán en 2010, aunque el momento culmen de la noche fue el potente homenaje blues punk a Poison Ivy de los Cramps que nos hizo volver a casa con los oídos cargados de buen rock’n’roll.

Entrada de Bruno Reis

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1 comentario
Kit & Holly | martes, 15 de diciembre de 2009 | 18:24
#1
Está muy bien la crítica pero no sé cómo os perdisteis a Beach House. Creo que Victoria Legrand redefine el término "emocional", sólo con su voz y el acompañamiento de sus chicos, sin fanfarria ni artificios.
Es de esas joyas que sólo salen muy de vez en cuando. En 2010 sacan nuevo disco y la parroquia lo esperamos ansiosos.

Gran descubrimiento Little Joy!
Saludos
1 comentario
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