Revista digital de cultura
y arte contemporáneo

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jueves, 3 de noviembre de 2011

Alighiero Boetti. Estrategia de juego

Por: Santiago B. Olmo
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Mappa, 1971-72. Glenstone. © Alighiero Boetti by SIAE/VEGAP, 2011. Cortesía: MNCARS.

Desde los años 90 la crítica al relato de la historia del arte del siglo XX, en la versión canónica implantada desde los Estados Unidos, ha abierto múltiples líneas de investigación que han tratado de corregir, completar y diversificar la perspectiva historiográfica hacia una lectura más compleja y menos lineal. El resultado ha incidido en la apertura inclusiva de discursos feministas, postcoloniales, multiculturales y de género, en la reconsideración de figuras y movimientos de las escenas artísticas latinoamericanas o de Europa oriental, pero también de personalidades marginales o subalternas que han desarrollado su trabajo en los centros hegemónicos como Gordon Matta-Clark o Louise Bourgeois. Esta operación de relectura ha sido llevada a cabo de una manera muy pertinente y sistemática por el MNCARS en los últimos años, y en esa perspectiva hay que inscribir la exposición de Alighiero Boetti, comisariada por Lynne Cooke, Christian Rattemeyer y Mark Godfrey, en coproducción con Tate Modern de Londres y el MoMA de Nueva York, lo que subraya el consenso sobre la necesidad de revisión de la historia en la actualidad.

 

La exposición, que incluye de manera muy exhaustiva obras de todas sus etapas, desde los años sesenta hasta 1994, año de la muerte del artista, pone de relieve su importancia, mientras de manera derivada reconsidera la amplitud de las propuestas artísticas de la escena italiana más allá de la etiqueta de arte povera acuñada por Germano Celant como una estrategia de visibilidad. Alighiero Boetti fue incluido por Celant en las primeras exposiciones de arte povera, pero el artista se desmarcó del grupo en 1969, abandonando una práctica objetual en la que utilizaba materiales industriales, para establecer una reflexión de corte más conceptual, en la que se suceden obras que abordan de manera muy incisiva la idea de tiempo en relación al espacio, utilizando el soporte del envío postal y el juego, entendido como combinatoria y marco de participación de terceros. La tensión del juego se traduce en la inclusión en la obra de un azar muy calculado, así como en un desdoblamiento de su nombre que le convierte en dos: Alighiero e Boetti, él mismo y su doble, para desde la conciencia de un otro cultural, disolver la idea de autoria, trabajando con sus hijos y con niños, con bordadoras y tejedores afganos o con estudiantes de arte en un proyecto realizado en Grenoble en 1993.

En 1971 realiza su primer viaje a Afganistán, a donde viajará dos veces al año, hasta la invasión soviética en 1979, descubriendo un mundo decisivo en el desarrollo de su obra, a través del bordado de tapices para el que contrata a mujeres y del tejido de alfombras en el que trabajan hombres. Afganistán, en esos años es una etapa segura y sin ruido de modernidad consumista, en el viaje iniciático a la India que emprende la generación de los sesenta, y allí descubre una cultura de la austeridad y del desierto, que concentra lo visual en la funcionalidad cromática de bordados y alfombras.

Los soportes tapiz o alfombra alejan y acercan a la pintura. Permiten un distanciamiento de las convenciones artísticas en la integración del anonimato artesanal en la ejecución y la inserción de contenidos estandarizados (el patrón mapa, el listado de los ríos más largos, frases comprimidas, siluetas de colores) funciona como un mecanismo conceptual. Artistas como Jonathan Monk, Francis Alÿs o Mario García Torres han trabajado en los últimos años sobre el One Hotel que Boetti abrió en Kabul, como un vínculo con el país y como lugar de trabajo convirtiéndose, a la luz que ha proyectado su obra, en un espacio mítico y sobre todo perdido tras las devastaciones que ha sufrido el país. Boetti siguió trabajando con artesanos afganos refugiados en Pakistán durante los años de guerra, sin tener contacto directo con ellos, más allá de las indicaciones genéricas del encargo a través de los bocetos. El resultado final genera un espacio híbrido e inquietante, que deja espacio para la interpretación del otro, al modo de una vibración imaginativa y relacional.
 

 

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